En tus piernas
con una taza en tus manos
con los labios rojos
con la cintura cansada.
Con la frente acalorada
los pelos alborotados
cáen sobre tus ojos como hojas del árbol
ya no siento las piernas, dijiste.
En silencio osbservé tus acciones
en cuanto te acostaste me acosté
en cuento me acariciaste sonreí
y juntos nos vestimos para ír.
Pero en realidad seguíamos desnudos.
18 de mayo de 2009
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario