12 de marzo de 2009

Raro

El leproso te pide un fósforo
y mirando su demacrado rostro
buscas dentro de tus cirgarrillos
deseando que te queden cerillos
volteás la mirada sin decír nada
y cuando buscas nuevamente su cara
te das cuenta que desapareció
y paso desaperscibido entre un océano de desagradecidos.

Enfrente un chico se toca la frente
por su mirada deducís
que mataría por comida caliente
pero no notás que en realidad
mataría por una vida corriente
donde no deba ser un sobreviviente
a veces, cuando es un perro bueno
alguien le lanza un hueso.

No hay comentarios:

Publicar un comentario