Entre las hojas de los árboles los rayos de luz se hacen notar
la tierra tiene un olor tan especial, a algo me hace acordar
el follaje está en la tierra, no lo tenes que buscar
y caminé tan pacíficamente, en una simbiosis con el todo
los caminos anticuados, esos caminos de tierra y lodo
hasta que de repente paro en un árbol en particular
que tiene grabado en su tronco algunos nombres al azar
ése árbol a vos me hace acordar, con cicatricez por doquier
algunas visibles pero ya curadas por el tiempo
otras que todavía escúpen ambár cuando hay viento.
Hay por ahí también un lugar muy peculiar
es una suerte de descampado, pero esta techado y amurado
por cientos de pinos y arbustos que hacen al lugar fresco en verano
y protegen del viento en invierno, cuando el frío no ayuda a recomponer a un corazón partido
éste lugar del que te cuento, vos tambien lo viste ultimamente
queda justo enfrente del lugar donde acaricié tu vientre
donde nos sentímos por un rato parte de la misma corriente
fué en ese lugar donde aquél mes escribí en mi piel tu nombre
y todos los juegos que nos encantaba jugar
pero todo eso paso, solo quedo yo, el recuerdo de vos
y éste maravilloso lugar, al que vos llamás hogar
y yo daría todo por poder llamarlo igual.
Maldito séas, Federico Leloir.
19 de marzo de 2009
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