Estoy aislado. La puerta está cerrada, al igual que la persiana que no deja entrar ni un gramo de luz de luna.
Estoy en el palacio de algun niño por cumplir el sueño de un joven adolecente. Por un lado me siento obligado por la mitad mas adulta de mi ser, que entiende eso como una actividad adulta "pura", y por el otro está el niño dentro mío que esta incomodo, temeroso y deseoso de desaparecer de esta terrible escena.
Cierro los ojos. No hay diferencia.
De repente Alejandrito comienza a pensar en que tanto le gustaría estar en SU propio palacio, cumpliendo su propio sueño de cuando será (o fué) un joven adolecente y desea estar con ella.
"Ella" no es una mujer, no es un hombre, ni un perro. "Ella" tiene nombre de mujer. No por casualidad tiene nombre de mujer pero de momento "Ella" es la única que lo ama y Alejandrito sabe que es la única que no lo desepcionará jamás. Alejandrito es libre con "Ella".
Ahora, Alejandro se siente un poco confundido. De hecho esta situación le parece un tanto incomoda. El, en parte, desea estar donde está pero no esta seguro de querer acostarse tarde esta noche. Mañana, tempranito arriba, y la verdad es que ella no vale la pena. Quizás... si no hubiese demorado tanto todo... quizás si "Ella" ni Ella estubieran en su cabeza haría lo propio con ella. Prestá atencion Alejandro, ¿tenes tanto?, porque cantaste envido para apurar y te corrieron con la falta.
Ya basta.
Por favor.
Solo quiero ser otra vez Alejandrito.
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